Apostándole a las lluvias

por Caitlin Kopcik

Farmers in Chile. Curt Carnemark/World Bank

Farmers in Chile. Curt Carnemark/World Bank

El reciente aumento de los precios mundiales de los alimentos y los incrementos en la precipitación observados en las últimas décadas permitieron que algunos agricultores del Cono Sur de America del Sur comenzaran a producir cultivos en tierras que normalmente eran consideradas marginales. Sin embargo, si los patrones climáticos cambiaran y las lluvias comenzaran a disminuir, la región podría enfrentar pérdidas devastadoras para su economía, infraestructura, y medios de subsistencia.

El IRI está trabajando con instituciones de la región para caracterizar la variabilidad climática y para identificar medidas que ayuden a disminuir la vulnerabilidad de los sistemas de producción existentes a los riesgos asociados al clima.

La región del Cono Sur está conformada por Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. La producción agropecuaria de estos países ha vislumbrado cambios importantes en los últimos 20 años, y la región se ha convertido en una de las principales productoras de cultivos básicos (maíz, trigo y soya) para la alimentación de una población mundial que está en continuo crecimiento (ver gráfico). El aumento de los precios de los alimentos ha proporcionado incentivos económicos, y ha resultado en que los agricultores de la región hayan venido incrementando la producción de estos cultivos. Esta situación también ha llevado a que los agricultores hayan comenzado a cultivar grandes extensiones de tierras que, debido al clima y a las propiedades de los suelos, eran tradicionalmente utilizadas para la cría de ganado. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), entre 1965 y 2005 más de 25 millones de hectáreas de tierras marginales se transformaron en campos cultivados. A pesar de haber traído muchos beneficios económicos para los agricultores, aún existen dudas en relación a las condiciones que han permitido que este cambio sucediera.

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"En el Oeste de las Pampas de Argentina, por ejemplo, hay zonas que en las décadas del 1950 y 1960 no recibían suficiente lluvia como para sustentar la producción de cultivos agrícolas. Pero durante el ultimo cuarto del siglo XX las precipitaciones de primavera y verano aumentaron, y en consecuencia estas zonas comenzaron a ser capaces de producir cultivos anuales ", dice Walter Baethgen, Director del programa regional para América Latina y el Caribe. La capacidad de los agricultores para extender esta “frontera agrícola” ha sido claramente sustentada por un aumento en las lluvias. Lo que está menos claro es si dichos aumentos son permanentes.

"¿Estos patrones de precipitación son parte de un ciclo multidecádico del clima o son cambios permanentes? Esto es de gran importancia para el futuro de los agricultores en el Cono Sur," explica Baethgen. Por otro lado, las incertidumbres no se limitan a la posible evolución de las lluvias. El avance de la ‘frontera agrícola’ también se ha dado hacia zonas con suelos considerados marginales por su baja fertilidad y alto riesgo de erosión, agregando más fragilidad a un futuro ya incierto.

Baethgen y colegas de los Institutos Nacionales de Investigación Agropecuaria del Cono Sur, el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA-PROCISUR) y el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), han recibido fondos de la Iniciativa para la Energía Sostenible y el Cambio Climático (SECCI) del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Estos fondos permitirán evaluar la vulnerabilidad de estos corrimientos de la frontera agrícola. " Este proyecto puede ser considerado como una plataforma para identificar nuevas formas de asistencia para los agricultores y la sociedad en general de esta región del mundo, que es esencial para la reducción de la vulnerabilidad en la producción de alimentos de los próximos años", explica Roberto Díaz, investigador del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) del Uruguay, que está trabajando con Baethgen en el proyecto.

Esta investigación recopilará y analizará información climática histórica de los últimos 80 años del Cono Sur para entender cómo ha variado el clima a través de las décadas y como puede llegar a variar en el futuro. Al estudiar los posibles impactos del cambio climático en las lluvias, los investigadores mejorarán el entendimiento de la naturaleza y magnitud de los riesgos actuales y futuros que amenazan a la agricultura y otros medios de subsistencia en la región. "De esta manera podremos identificar tecnologías, sistemas de producción, y prácticas de gestión de los recursos hídricos, que ayuden a reducir los riesgos asociados al clima," explica Baethgen.

En otro proyecto financiado por el Fontagro (también del BID), el IRI estará trabajando con los mismos institutos de investigación agropecuaria de la región, el IICA-PROCISUR y el Centro Internacional de Investigaciones Agrícolas en Zonas Áridas (ICARDA), para mejorar los pronósticos climáticos estacionales que existen en la actualidad en los países del Cono Sur. El objetivo de este proyecto es proporcionar información y herramientas para ayudar a mejorar la eficiencia del uso del agua (incluyendo el riego) en esta región ante las amenazas relacionadas a un clima cambiante.

Caitlin Kopcik es una estudiante del programa de Maestría en Clima y la Sociedad de Columbia University. Su interés reside en la interacción entre el cambio climático y los aspectos socio-culturales. Específicamente está interesada en investigar el desarrollo y la comunicación de estrategias de adaptación, en particular en América Latina.